Isquemia arterial crónica de los miembros inferiores.

La isquemia arterial crónica es una enfermedad de las arterias que se produce debido a una disminución lenta y progresiva del riego sanguíneo en un territorio del organismo, generalmente en las extremidades inferiores. Es una enfermedad mucho más frecuente en varones que en mujeres.

Síntomas

El síntoma predominante es la aparición de dolor en las extremidades que aparece cuando el paciente camina y que aumenta de forma progresiva hasta que le obliga a detener la marcha. Este dolor desaparece típicamente con el reposo. Esta situación se conoce como claudicación intermitente. El paciente es capaz de caminar una cierta distancia, generalmente unos metros, hasta que aparece el dolor.

El dolor puede aparecer antes cuando el paciente realiza un sobreesfuerzo como subir escaleras o una pendiente.

En estados de la enfermedad más evolucionados puede aparecer el dolor incluso durante el reposo y presentar lesiones en la piel, úlceras, por la mala irrigación.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico se basa fundamentalmente en los síntomas que explica el paciente, la exploración física y en una serie de pruebas que permiten confirmar el mal estado del sistema arterial. En la exploración del miembro afectado se valora el color y la temperatura de la piel, pues aparece frialdad y palidez al elevar el miembro, y los pulsos arteriales en las extremidades.

Exploraciones complementarias

Ecodoppler: permite ver la morfología y el diámetro de los vasos y el estado de la circulación arterial.

Índice tobillo/brazo: es el método no invasivo más utilizado. Se realizan unas mediciones de presión arterial en el tobillo y en el brazo y los resultados permiten estimar el grado de elasticidad de las arterias.

AngioTAC y Angioresonancia: se realiza sobretodo cuando la clínica y el resultado de las pruebas son dudosas.

Arteriografía: es una prueba invasiva. Permite localizar la extensión y localización de las lesiones en el árbol vascular.

 

Tratamiento

El objetivo del tratamiento médico es evitar que la enfermedad siga progresando.

Es fundamental el tratamiento de los factores de riesgo. Se recomienda abandonar el tabaco, control del colesterol, de la presión arterial y de la diabetes, así como realizar ejercicio físico programado.

El tratamiento farmacológico se basa en el uso de fármacos que favorecen el flujo de la sangre y que evitan el crecimiento de las placas de ateroma y la aparición de trombos.

El tratamiento de revascularización pretende restaurar el flujo sanguíneo arterial. Se puede realizar mediante una angioplastia percutánea o mediante la realización de un by-pass.